Can't Be Tamed by Yamile Saied Méndez

Can't Be Tamed by Yamile Saied Méndez

autor:Yamile Saied Méndez [Méndez, Yamile Saied]
La lengua: spa
Format: epub
editor: Scholastic Inc.
publicado: 2023-05-18T00:00:00+00:00


Cuando Carolina se apareció a hacer las faenas de la mañana, se sorprendió al ver que ya todo estaba hecho. Inspeccionó las cuadras y notó que los lechos de los caballos habían sido reemplazados. Los cuatro animales se veían felices y limpios, obviando las habituales briznas de heno en el pelaje de Bailarín. Y lo peor, la trencita que le había tejido minuciosamente en la crin a Leilani era indetectable entre la miríada de trenzas que ahora lucía.

No pudo evitar sentirse resentida, y también arrepentida. Reconoció en su interior un destello de orgullo por lo mucho que Chelsie había aprendido de ella, pero ahora que la hija de la dueña podía cuidar sola de la caballeriza, no la necesitaba. ¿Cómo se ganaría las lecciones si no podía trabajar en la caballeriza pequeña? ¿Por qué Chelsie le había quitado esto también?

Abrazó al burro, que era el único que no tenía trenzas, pero entonces vio que llevaba una cinta en la cola, como la de Eeyore, el burro de la serie de Winnie-the-Pooh.

—¡No puede ser! ¡Tú también, Bailarín! —exclamó, molesta.

El corazón se le retorció en una espiral de sentimientos complicados.

Más que una invasión de su espacio, sintió que había sido expulsada de la caballeriza pequeña. Chelsie lo había hecho todo mejor que ella.

El burro apenas le lanzó una mirada pesarosa y regresó a su avena y a sus manzanas. La chica comprobó que los trozos de manzana no fueran muy grandes para que no se atorara, pero realmente no había nada que objetar.

—No quiero perderte —dijo, abrazando al burro.

No la avergonzó que le brotaran lágrimas. Los caballos no la juzgaban. La adoraban a pesar de que la chica nueva la hacía parecer una extra, un remanente no deseado de la vida anterior, cuando Rancho Paraíso era solo Rancho “La huerta”. En Rancho Paraíso no parecía haber espacio para ella. Sin embargo, no podía darse el lujo de sentir lástima de sí misma. El tiempo pasaba sin piedad. Si no se daba prisa, perdería el autobús, y realmente no quería empezar el curso escolar de esa manera.

Corrió hasta la cabaña y se cambió de ropa; se puso unos jeans diferentes y una camiseta morada que decía: “Prefiero a los caballos que a las personas”. Corrió emocionada por la carretera hasta la parada del autobús antes de que su madre pudiera tenderle una emboscada y sacarle una foto del primer día de clases. A diferencia de su mejor amiga, su mamá no aprobaría la camiseta, aunque a Carolina le parecía divertido el letrero.

La mañana era un poco fría, así que cuando la chica llegó a la parada del autobús se puso a dar saltitos para entrar en calor. Miró a su alrededor por si Chelsie aparecía, pero no había ni rastro de su rival, lo que probablemente era mejor. Tal vez el autobús escolar iba a ser el único lugar donde no tendría que preocuparse por que Chelsie fuera a estropear las cosas.

Los nervios del primer día de clases le hacían cosquillas en la panza.



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